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Como se ve la resistencia al cambio (y no es lo que crees)

la oruga se convierte en mariposa. No hay resistencia al cambio.

Yo pensaba que resistirse al cambio significaba simplemente ser lo suficientemente terca como para decir: "No quiero cambiar." O saber que algo te hace daño y seguir haciéndolo.

Si sabes que esa comida te cae mal, ¿por qué te la comes? Si sabes que en ese lugar te tratan mal, ¿por qué sigues yendo? Parece obvio, ¿no?

Eso era lo que yo entendía por resistencia al cambio.

Pero resulta que también puede verse de una forma mucho más sutil.

La resistencia al cambio puede esconderse detrás de patrones emocionales y mentales que alguna vez te protegieron. Patrones que, aunque hoy te limiten, siguen haciéndote sentir segura.

Por ejemplo:

"¿Quién sería yo si dejara de sentir culpa?"

Durante mucho tiempo pensé que la culpa era lo que me impedía convertirme en una persona egoísta. Si dejaba de sentir culpa, ¿quién me garantizaría que seguiría siendo buena, considerada o amable?

Así que, sin darme cuenta, seguía alimentando ese patrón.

No porque disfrutara sentirme culpable.

Sino porque, en algún lugar de mí, creía que la culpa me protegía de convertirme en alguien que no quería ser.

Eso también es resistencia al cambio.

Recuerdo leer en muchos libros frases como "resistencia al cambio" o "la necesidad inconsciente de permanecer igual". Y pensaba:

"Eso no tiene nada que ver conmigo. A mí me encanta crecer. Siempre estoy leyendo, aprendiendo y tratando de mejorar."

Y, sin embargo, ahí estaba.

Había una parte de mí que luchaba por mantener vivos ciertos patrones emocionales porque habían formado parte de mi identidad durante tantos años que ya no sabía quién sería sin ellos.

No era una resistencia consciente.

Era una resistencia disfrazada de protección.

Esos patrones seguían sirviendo para algo. Me hacían sentir segura, aceptada o "buena". Pero también me mantenían pequeña.

Me impedían crecer hacia la versión más auténtica de mí.

Lo más impactante fue darme cuenta de que llevaba una venda en los ojos.

Y esa venda teñía absolutamente todo.

Interpretaba cada situación a través de esas creencias. Si algo salía mal, asumía que era mi culpa. Si alguien estaba molesto, pensaba que había hecho algo mal. Si alguien se alejaba, buscaba el error en mí.

No estaba viendo la realidad.

Estaba viendo mi historia sobre la realidad.

Y creo que esa es una de las formas más invisibles de resistencia al cambio.

Porque no consiste en negarte a cambiar.

Consiste en aferrarte a una identidad que un día te protegió... aunque hoy sea precisamente lo que te impide crecer.


Deseando que te liberes con amor 🌻

Ale

 
 
 

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